Granja Los Alisos, Cunicultura
Trocea el conejo y dóralo en una cazuela con la manteca de cerdo y si lo deseas añade una diente de ajo picado. Espolvorea harina y añade la chalota picada finamente. Cuando todo esté bien dorado, hecha el vino blanco y el doble de caldo (hecho, como se ha indicado más arriba, con 3 cebollas, 3 zanahorias, tomillo, laurel, sal y pimienta).
Ponlo a hervir y añade los tomates pelados y triturados. Dejar la cazuela tapada y a fuego lento. Un cuarto de hora antes de terminar la cocción, añade los champiñones enteros o troceados. Si se desea, se puede añadir una copa de coñac a media cocción.
En una cazuela de barro echas un poco de aceite cuando esté caliente pones el conejo, previamente troceado, y lo doras durante unos minutos.
Lo sacas reservándolo al calor en el mismo aceite sofreímos lentamente los pimientos, la cebolla y el ajo, todo troceado, cuando este pochado incorporamos el conejo, la lata de tomate y el vaso de vino lo salpimentamos y lo dejamos que se haga a fuego suave durante 20 minutos aproximadamente.
Nota - Si ves que se queda seco puedes añadirle un poco de agua.
Trocea, salpimenta el conejo y dóralo en una sartén con mantequilla.
Resérvalos. Mientras, en una cacerola pocha en mantequilla los dientes de ajo y la cebolla picados y el pimiento rojo troceado.
Cuando la cebolla esté casi transparente, añade la berenjena y calabacín cortados en cubos, mezcla bien y añade los tomates pelados cortados en cubos junto con el concentrado de tomate y el aceite de oliva.
Añade el conejo troceado, tapa y déjalo cocer a fuego lento durante unos 40 minutos.
Limpiar el conejo, cortarlo en trozos y sazonarlo con sal y pimienta.
Poner a calentar el aceite en una sartén y rehogar 3 o 4 dientes de ajo; retirarlos antes de que se doren excesivamente.
Freír los trozos de conejo a fuego vivo hasta que estén muy dorados.
Agregar el sofrito y el resto de los ajos picados (también se puede añadir un chorrito de vino) y cocerlo a fuego suave hasta que el conejo esté tierno.
Amostazar significa, en castellano, "enojar, irritar". Como es lógico, el conejo de nuestra receta está bastante irritado, toda vez que, para poder contar con él, un cazador debe haberle pegado un tiro y quitado la vida (lo cual irrita bastante a casi todo el mundo). Empero, el nombre de la receta no proviene del -justificadísimo- enojo del conejo, sino de la mostaza que lo sazona.
Eviscerar el conejo, despellejarlo y cortarlo en trozos. En una cacerola derretir la grasa de cerdo y rehogar en ella el conejo troceado. Cuando está doradito, retirar y reservar.
Dorar (que no es lo mismo que torrefactar) en esa misma grasa -despacito- la cebolla y las chalotas finamente picadas. Cuando lo están, añadimos el conejo, 10/12 granos de pimienta, las hojitas de laurel troceadas, el perejil y el tomillo : añadimos el contenido de las dos botellitas de vino y lo dejamos cocer pausada pero incesantemente durante 1 1/2 o 2 horas, (hasta que el conejo esté bien tierno).
Cuando lo esté, sacad de la cacerola el jugo de la cocción y pasadlo por un pasapurés. Añadir la nata líquida y la mostaza (4 cucharadas soperas rasas) y mezcladlo bien. Sazonar al gusto.
Servir separadamente las tajadas de conejo y la salsa de acompañamiento (previamente calentadas unas y otra).
Guarnecer con unas papas francesas con mantequilla y hierbas de Provenza al horno, y/o unos guisantitos cocidos, y/o unos champiñones bien mareaditos en aceite en la sartén...
Cortar las cebollas, picar el ajo, el perejil y el cilantro.
En un gran cacerola, poner a fundir la mantequilla y añadir los trozos de conejo. En cuanto se empiecen a dorar, añadir las cebollas. Reservar el hígado.
Añadir el jenjibre, el comino, la canela, el azafrán y el ajo machacado, junto con 30 cl de caldo de ave. Salar. Mezclarlo bien todo y dejarlo a fuego lento durante 30 minutos.
Si fuese necesario, añadir de nuevo 20 cl. del caldo de ave que estaba a fuego lento. Añadir el zumo de medio limón, el perejil y el cilantro. Añadir el hígado y dejarlo cocer durante 10 minutos.
Servir bien caliente con couscous.
Rico en hierro, en potasio y en fósforo, la carne de conejo te aporta oligoelementos y numerosos minerales esenciales para un buen equilibrio alimentario.
Más rico en proteínas de calidad que la mayoría de las carnes, el conejo es válido para todas las edades. Naturalmente rico en vitaminas B, PP, y E, la carne de conejo posee virtudes benéficas para la actividad muscular y el sistema nervioso y protege del envejecimiento celular.
Poco grasa y tierna, la carne de conejo se digiere muy bien.
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